Insurrección

Ahí estaba, esperando la respuesta, esperando el momento en el que gritar. El momento en el que todo comenzaría, y yo, incauta, avanzaría hasta alcanzar el punto más alto de aquella montaña, de aquel desastre natural que se iba a cernir sobre todos nosotros. No se trataba de salvarnos, de crear algo imposible, histórico, real. Era algo diferente, mágico. Asustaba, pues claro que lo hacía. Nada era lo mismo, pero nada había cambiado. Como una catarsis, un estallido bestial que surgía de las entrañas. El caos se había convertido en el orden, era hermoso, nuevo, fresco. El odio se amaba a sí mismo, el placer causaba dolor. Todo estaba patas arriba y eso nos volvía más cuerdos. Y los cuerdos eran los nuevos locos. Sólo había hambre, sólo había sed. De destruirlo todo. Porque aquella era la única forma de construir algo verdadero. El huracán se convirtió en el arquitecto. Nunca imaginamos que lo bonito era la ceniza. Lo necesario. Nadie pensó la posibilidad de que el rugido fuera el silencio. Y así fue. Los actores se volvieron el público, pero esta vez los aplausos los hacíamos nosotros. El fuego empezó a quemar cuando lo apagamos y nos ahogábamos cuando nos sumergíamos en el agua. Los que encarcelaban eran los nuevos presos. Y, una vez todo se había desmoronado, las ruinas se convirtieron en nuestro hogar.

19:47

Corría, precipitándose calle abajo, sin temer a la caída.

Un grupo de niños le observaban, desde la distancia, sin prestar importancia a su carrera.

Una pareja de adolescentes que tallaban sus nombres y su amor en la corteza de un árbol, apenas se percataron de su paso, pensaban que sería para siempre.

Una madre soltera llevaba a sus hijos al colegio para luego ir a toda prisa a la oficina, donde trabajaría para asegurarle a sus descendientes una vida digna con trabajo a jornada completa, en el cual no tendrían tiempo para gastar el sueldo. Miraba ansiosa a nuestro corredor, anhelaba su victoria.

Un hombre que discutía con su mujer mientras bebía el café antes de ir a trabajar por última vez antes de su jubilación, suspiró cuando le vio pasar tan cerca.

Dos ancianos se lamentaban y maldecían al ver el cuerpo inerte de su compañero. Conocían mejor que nadie la velocidad del atleta.

Muchos ignoraban el trayecto, pero cuando vieron la voracidad con la que consumía, todos prestaron atención cuando llegó hasta la meta y nos volvimos polvo a sus pies.

Una jodida locura.

Avanzaron, piel con piel, corazón con corazón, por la estrecha y fina cueva que les resguardaba. Nada ni nadie podía verles, estaban a salvo del dolor, de la sed de sangre, del mundo real. Estaba él, y estaba ella. Solos. Estaban ambos.
Entre arañazos, suspiros y emoción.
La bestia comenzaba a poseerles. Lejos de asustarse, la recibieron con amor y ganas. Como si la esperaran, como un deseo.
El silencio fue callado con un grito, el frío menguó, y la oscuridad ya había abandonado estas tiernas almas, ahora contaminadas por aquel ente.
Ella gritó, y él la calló entre susurros y caricias. Lágrimas, sonrisas, gemidos. Dolor y placer.
Y la brutal bestia, conmovida y orgullosa, se marchó en el acto final.
Abrazados y exhaustos, salieron de allí, volvieron en sí y chocaron los labios.
Nunca un beso supo tan dulce.

Crítica literaria”El guardián entre el centeno”

Ya que tengo esto bastante abandonado, he decidido comenzar a escribir algunas críticas literarias, en las cuales recomendaré novelas o relatos que he leído y considero imprescindibles.

El primer libro que me he aventurado a analizar es El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, puesto que es mi libro favorito y he indagado más sobre él que cualquier otra novela.

Me gustaría comenzar hablando brevemente sobre el autor y el contexto en el que se escribió dicha obra.

J. D. Salinger, nacido en 1919, fue un chico problemático, le expulsaron de varios centros durante su época estudiantil. En 1942 se alistó en el ejército y durante esa etapa, comenzó a escribir la obra que voy a comentar más adelante. Durante esta etapa, presenció la crueldad humana en su máximo exponente, algo que le marcará profundamente y le influirá en su carrera literaria. El autor falleció en 2010.

Ahora, pasemos a hablar sobre la obra con más profundidad. Aviso de que puede contener spoilers.

Esta novela fue publicada en 1951, y debe su fama a varios factores, entre ellos el shock que supuso su publicación en una sociedad repleta de tabúes, o la controversia creada a raíz de crímenes cuyos asesinos tenían esta obra como libro de cabecera (el asesino de John Lennon, Chapman, decía sentirse como el protagonista del libro, Holden Caulfield). Así pues, se incluye en la lista de libros “malditos”. No existen adaptaciones cinematográficas por petición del autor, y tras el éxito de la obra, éste se retiró con su familia a una cabaña en el bosque de New Hampsire.

El argumento de El guardián entre el centeno es muy simple: Holden es un joven de 17 años, que narra lo que le pasó las navidades anteriores, antes de ser ingresado en un centro de salud mental. Tiene tres hermanos: Allie, su hermano menor, que murió de leucemia hace unos años; Phoebe, su hermana, también menor que él, y D.B, un escritor que ha triunfado en el mundo de Hollywood.

Después de haber sido expulsado de otros centros, le echan de Pencey tras suspender todas las asignaturas, excepto literatura y decide recorrer Nueva York antes de volver a casa y que se enteren sus padres. En su aventura por la ciudad, habla con un par de monjas, se aloja en un hotel donde contrata a una prostituta y se pelea con su jefe, y visita algunas salas de fiestas, en las que intenta hacerse pasar por mayor de edad para que le vendan alcohol y bailar con mujeres mayores que él.

La historia transcurre desde su mente adolescente, inconformista y que critica todo cuanto le rodea.

Los temas principales que toca el autor son los siguientes:

* Conflicto entre mundo adulto e inocencia: Holden compara ambos mundos con los adultos que se encuentra y los niños que aparecen en la novela. Desprecia a los adultos y se preocupa por defender la inocencia de los infantes (como su hermana Phoebe), que aparecen todos caracterizados por ingenuidad e inocencia. Él mismo se encuentra en la encrucijada de mundos. (ejemplo: página 225: conversación con su hermana). En la charla que mantiene con Phoebe se podría reflejar el trauma que cargaba Salinger tras la guerra, pues plasma, metafóricamente, un miedo incondicional a lo que supone perder la inocencia.

* Crítica a la hipocresía y a la sociedad que le rodea: El protagonista tacha de hipócrita a la mayoría de personajes que aparecen, además de que repite su desprecio hacia la hipocresía a lo largo de todo su monólogo. También critica la sociedad americana como una sociedad vacía y consumista.

* Cultura: Holden aprecia la cultura en todos sus aspectos. Desde la música (jazz), la literatura (menciona varias obras y su interés por la buenos libros), el arte (visita un museo que le trae grandes recuerdos de su infancia), el cine y el teatro (critica el fanatismo y desprecia el cine)

* Alcohol y sexo: Holden intenta conseguir alcohol en todas las salas que visita, aunque pocas veces lo consigue (menciona también que no son soportables si uno no va borracho o acompañado de una mujer de la que esté enamorado). Además, en determinado momento, contrata a una prostituta, aunque no llega a acostarse con ella.

* Religión: Critica la religión y la gente que se aferra a ella (más como opinión que como crítica), aunque admite que no se acuesta con la prostituta porque considera el sexo como una unión espiritual, no únicamente física.

* Sistema educativo: Es expulsado de todos los colegios por los que ha pasado y los desprecia, incluidos profesores y alumnos.

Llegados a este punto, procedo a hablar de los aspectos técnicos y formales:

La historia está contada desde una primera persona, Holden Caulfield, a modo de analepsis (técnica que traslada la acción al pasado).

El libro está dividido en 26 capítulos, con la siguiente estructura:

* Prólogo: Introducción, en el presente, de la historia que va a contar.

* Planteamiento: Decisión de Holden de quedarse por Nueva York antes de ir a casa.

* Nudo: Estancia en Nueva York; termina con la visita a su hermana.

* Desenlace: Conversación con Phoebe y las decisiones finales de Holden.

* Epílogo: Vuelta al presente, planes de futuro del protagonista. Final abierto.

La novela tiene una estructura circular, lineal y un poco lenta, pues se trata de unos pocos días. Se desarrolla principalmente en la ciudad de Nueva York.

El estilo se caracteriza por su adecuación respecto a narrador y contenido. Todo se narra desde la voz de un adolescente, con el característico lenguaje vulgar y coloquial, lleno de exageraciones y palabras malsonantes, además de muletillas y abundantes frases hechas.

Otra característica del lenguaje del personaje son sus generalizaciones y críticas radicales e impulsivas, lo que a veces le lleva a contradecirse.

El tipo de lenguaje que emplea el narrador puede considerarse atemporal, aunque en su momento causó gran impresión y fue muy criticado.

Y por último, un análisis psicológico del protagonista, que bien puede relacionarse con el propio autor:

Durante toda la obra, nuestro protagonista plantea dudas existenciales que le ayudan en su búsqueda de identidad.

A pesar de criticar a la mayoría de personas que le rodean, Holden se siente realmente solo, e intenta socializar cuando se le presenta la oportunidad.

Holden tiene una actitud social reivindicatoria, analiza todo lo que le sucede o lo que observa a su alrededor de manera crítica.

Cuando comenté que el protagonista se contradecía anteriormente, se puede demostrar con la posición que toma ante el hecho de ser adulto, que a pesar de valorarlo negativamente, él mismo intenta comportarse como uno: fumando, bebiendo, pensando en el sexo.

Es mentalmente inestable, pues pasa de estar feliz a sentirse deprimido de un momento a otro.

La forma de comportarse de Holden denota inseguridad, pues la mayoría de veces que se decide a hacer algo, se echa atrás en el último momento.

En ocasiones es infantil, y en otras muestra una madurez sorprendente y poco común en los jóvenes de su edad. Ahí está la atracción de su personaje.

Holden, como cualquier otro adolescente, piensa que puede comerse el mundo y que todo el mundo está a sus pies, por eso aprovecha la mentira como elemento principal de su vida, pues considera que puede conseguirlo todo mintiendo, aunque a la hora de la verdad, no se atreva a hacerlo.

En conclusión, esta obra es mucho más profunda de lo que podemos pensar en una primera lectura, además de que podemos descubrir nuevas cosas indagando sobre el pasado del autor. Subjetivamente, considero valorar esta obra con un 9/10. La recomiendo por varios puntos:

  1. Aunque actualmente no suponga nada nuevo, en su momento era inconcebible este tipo de lenguaje y menos aún los temas que trata el libro.
  2. Es un libro sencillo y su lectura es muy amena, por lo que si no sabes qué leer, es muy recomendable.
  3. Es una evidencia de cómo era la sociedad en los años 50, tras una guerra traumática de la que intentaban evadirse mediante el consumismo.
  4. Refleja a la perfección la psicología adolescente. Todos hemos sido como Holden alguna vez.
  5. No nos vamos a engañar, la idea de que asesinos famosos adoren el libro nos hace querer averiguar el motivo (y qué mejor manera que leyéndolo).
  6. El protagonista está muy bien construido.

La razón por la que no puntúo el libro con un 10 es porque la trama, con la primera lectura, puede parecer simple y plana, pero está claro que si profundizamos en ella podemos encontrar una mina de oro.

Si consideráis que hay algo que haya pasado desapercibido en mi crítica, o queréis dar vuestra opinión personal, podéis hacerlo en los comentarios o mediante un e-mail.

Si queréis más críticas, escribidlo en los comentarios, acepto sugerencias de libros.

¡Gracias por leer!

Felices fiestas.

Hoy es Navidad.

Alguien ha destruido el palacio de la luna y los guardianes abandonan los campos de centeno. Nunca nos había quedado tan cerca ningún precipicio. Las luces de bohemia se han apagado dejando una oscuridad esperpéntica, secando las hojas de hierba que se posan en nuestras pestañas. Todavía no somos viejos y hemos matado al mar. Le hemos arrebatado la elegancia al erizo y todavía nos extrañamos cuando nos llaman los renglones torcidos de Dios. El perfume ha invadido los cuadernos de invierno de algún poeta en Nueva York, y el alquimista no se decide a morir. Hemos matado al señor y ya no hay moscas ni lobos esteparios. Nos metamorfoseamos en peces plátano para morir en pozos. La casa Usher ha seguido cayendo y a nadie ha parecido importarle. Mientras Werther se ha suicidado por amor, los bancos han provocado suicidios por dinero. Las fieras han sido indomesticadas y esta comedia ha perdido lo que tenía de divina. Mordemos más fuerte que nunca y gritamos buscando guerra y trayendo paz. La granja por fin se ha rebelado, ya no habrá soledad en los próximos cien años. Hemos agotado los prejuicios hasta quedarnos en el orgullo. Nadie sabe quién mato al ruiseñor que volaba sobre el nido del cuco. Venimos con ganas de castigo, aunque no cometeremos ningún crimen.

Hoy es Navidad, ya no es ningún cuento, pero seguimos siendo perdedores sin senda.

Vértigo

 

Quisimos ser rascacielos, y vaya error el nuestro.

Jugamos con fuego y nos quemamos, por aquel entonces no teníamos dinero para pagar los reparos.

Agotamos las canciones de amor, ahora sólo quedan notas tristes y un “que vuelvas, joder” en la ventana de algún motel.

Quisimos ser rascacielos, y aunque no llegamos muy lejos, el camino nos sirvió de consuelo.

Los pies fijados en la tierra, pero la cabeza por las nubes.

El último paquete de amor, en la encimera, junto a las sobras de nuestra última cena.

Tú, tan Judas, rompiendo todos y cada uno de mis esquemas con tus besos de traición.

Te convertiste en mi cruz, y cuánto pesabas.

Quisimos ser rascacielos, por fortuna o por desgracia, ahí quedó el intento.

Tanto nos aferramos a la idea, que sólo conseguimos nadar entre los escombros.

Ahora te olvido en la cama de algún tercero, fumo en un quinto y rompo las ventanas del octavo donde me jurabas llegar hasta el piso más alto subiendo juntos por las escaleras.

Me cuesta asimilar que juntos nunca llegamos a ser ciudad, pero es todo un alivio pensar que nunca fuimos rascacielos. La caída habría sido mortal.

Praetera, musica et vita

La noticia le produjo un impulso que le hizo estremecerse. Mientras miraba la ciudad infinita a través de su ventana, los recuerdos fueron, uno a uno, impregnándose en cada poro de su piel.

«Los primeros rayos de sol traspasaban el cristal de la habitación, iluminando cada rincón. Desde la cama, divisó con sus ojos cansados la destartalada guitarra, su fiel compañera de cantos y penas. La había conseguido años atrás, después de largos veranos recaudando el dinero que le había llevado a adquirirla. Tenía las cuerdas rotas, una gruesa capa de polvo y el peso del tiempo, que se había cernido sobre ella, implacable. Se levantó y, cogiendo la guitarra, salió en busca de alguna tienda donde pudiesen arreglarla.

 Llegó hasta una tienda de música, bajo el nombre de “Praetera, musica et vita”. Empujó la pesada puerta y avanzó hasta el mostrador, en el cual sólo había una vieja caja registradora y un cuaderno. Justo detrás, se encontraba una mujer robusta, alta, con la mirada perdida. Le preguntó por el motivo de su visita, el hombre se lo explicó y la mujer, sin mediar palabra, se retiró a un cuartucho al fondo de la tienda con el instrumento entre sus manos.

Se escuchó entonces, en la sala, una melodía triste, aunque dulce, que desprendían las cuerdas de una guitarra, cuyo sonido dirigía la vista al chico que la acariciaba. No sobrepasaba los once años, llevaba la ropa hecha jirones, tenía piel clara y ojos parduzcos. Por su apariencia se podía deducir que era un chico de la calle, al que le faltaba todo menos talento. En ese momento apareció la dependienta, que se disculpó por la tardanza y le devolvió la vieja guitarra, arreglada.

Ya con el instrumento en su posesión, se dirigió al joven y se lo tendió, con la condición de que prometiese que llegaría lejos y no dejaría nunca de tocarlo. Lleno de emoción, le dio un abrazo y salió a la calle, donde empezaría a labrar su nuevo futuro.»

El artículo, bajo el mismo título que el nombre de la tienda, narraba la historia de un joven que, gracias a una guitarra, había pasado de ser el niño que vagaba por las calles, a un exitoso músico y compositor de renombre, que agotaba entradas y llenaba estadios con su música.