Vértigo

 

Quisimos ser rascacielos, y vaya error el nuestro.

Jugamos con fuego y nos quemamos, por aquel entonces no teníamos dinero para pagar los reparos.

Agotamos las canciones de amor, ahora sólo quedan notas tristes y un “que vuelvas, joder” en la ventana de algún motel.

Quisimos ser rascacielos, y aunque no llegamos muy lejos, el camino nos sirvió de consuelo.

Los pies fijados en la tierra, pero la cabeza por las nubes.

El último paquete de amor, en la encimera, junto a las sobras de nuestra última cena.

Tú, tan Judas, rompiendo todos y cada uno de mis esquemas con tus besos de traición.

Te convertiste en mi cruz, y cuánto pesabas.

Quisimos ser rascacielos, por fortuna o por desgracia, ahí quedó el intento.

Tanto nos aferramos a la idea, que sólo conseguimos nadar entre los escombros.

Ahora te olvido en la cama de algún tercero, fumo en un quinto y rompo las ventanas del octavo donde me jurabas llegar hasta el piso más alto subiendo juntos por las escaleras.

Me cuesta asimilar que juntos nunca llegamos a ser ciudad, pero es todo un alivio pensar que nunca fuimos rascacielos. La caída habría sido mortal.

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